Idiomas

Conviértete en el mejor profesor de inglés para tus hijos


Día a día padres y madres me preguntan cómo podrían organizar una clase de inglés en casa, qué objetivos perseguir o, incluso, cuál es la base para poder no dejarse nada importante. Voy a daros algunas ideas para que podáis montar en el mismísimo salón de tu casa tu masterclass y te conviertas en el mejor profesor de inglés para tus hijos. Ready, steady…go!

La pauta fundamental, el instrumento que jamás debe faltar en la enseñanza de un idioma o de cualquier otra asignatura, es la diversión. Y, partiendo de esa base, vamos a ver punto por punto cómo organizar una clase de inglés para niños en el salón de tu casa.

Lo primero es saber qué quiero enseñar. Los conceptos que necesito que mi peque aprenda o practique. Para ello es muy importante tener en cuenta la edad de los participantes que asistan a la actividad. Su nivel de madurez y comprensión son esenciales. No podemos perseguir objetivos muy ambiciosos si además nos encontramos frente a su primer proyecto en casa. Por eso siempre recomiendo que partáis de la base que ellos conocen para después ir ampliando conocimientos, hacerles participar más o, incluso, dejarles crear y construir su propia clase.

Lo mejor es que comencéis con sesiones cortas, actividades puntuales en las que nuestros pequeños genios centren toda su atención. El conocido 'Spanglish' es muy importante en esta fase inicial, ya que su interés es participar (muy distinto al nuestro, que es que mejoren su nivel de inglés o que comiencen a dejar de verlo como una asignatura). Además, ese margen nos permite a los papás y mamás que quizás no tenemos niveles muy altos al tratar con el idioma, poder recurrir a fichas, aplicaciones móviles que pronuncien palabras concretas, libros o cuentos que estén escritos en ambos idiomas...

Aquí es muy importante analizar a nuestros hijos e hijas y ver qué les engancharía a nuestra clase. Siempre debemos tener en cuenta que es a través del juego como van a poder aprender de una manera más natural y relajada. Normalizarán lo que están haciendo y el vocabulario o expresiones que aprendan las interiorizarán mucho mejor.

Juegos de mesa, experimentos, concursos mientras practican aficiones que les guste, juegos de memoria, programar un Máster Chef, descubrir un tesoro y, también, incluso podemos organizar un concierto para que nos dejen alucinados mientras tocan su instrumento preferido y les entrevistamos.

Es muy importante que tengamos el vocabulario sobre la temática preparado primero. Sí, nos toca revisar los conceptos antes. Debemos evitar, en la medida de lo posible, no tener la respuesta a la pregunta, '¿Esto cómo se dice en inglés?', aunque si se diera el caso, con total naturalidad se puede hacer una búsqueda junto a ellos y demostrarles que aprender es algo de niños y mayores.

Por último, es muy motivador cuando les expresamos lo contentos que estamos porque nos han ayudado. Ellos se sienten muy orgullosos de ver que también aprendemos de ellos y que el que aprendan algo es realmente útil y no sólo un estudio y un examen.

Este quizás sea el punto más complicado. Hay peques que en seguida se apuntan a un bombardeo y, en cambio, otros que están ya cansados o que ven el inglés como tarea y decirles 'vamos a jugar en inglés' puede parecerles más un castigo que un beneficio. Yo os propondría que lo presentéis como 'Vamos a pasar un rato juntos haciendo eso que tanto te gusta'.

¿Qué pasará entonces? Que debemos poner en práctica lo preparado e ir mezclando ambos idiomas. Nuestros aprendices deben comenzar con una parte de listening que les estimule. El que nos 'equivoquemos' o 'quedemos en blanco' les ayudará a querer participar, ya que se sentirán parte importante de la actividad (sin ellos no podríamos haber continuado).

Un entorno informal también ayudará. El salón de casa, la habitación o un parque… No queremos que piensen que están en clase. Deben sentir que están creando y aprovechar incluso su curiosidad para llevarles a nuestro terreno donde, finalmente (o incluso con el tiempo), estaremos en un ambiente en Inglés jugando cómodamente y disfrutando de tiempo a su lado.

Aprender supone adquirir un conocimiento, habilidad, valores y actitudes a través de su estudio, la enseñanza o la experiencia. El proceso fundamental en el aprendizaje es la imitación, es decir, la repetición de un proceso observado e implica tiempo, espacio, habilidades y algunos otros recursos.

Pedagógicamente se relaciona el aprendizaje con el descubrimiento de contenidos que una vez reorganizados se adecúan a un sistema de cognición. Los aprendizajes , receptivo y significativo, harán que el niño comprenda y se vincule a los conocimientos que quería adquirir. En resumen, hay muchos tipos de aprendizaje: implícito, explícito, asociativo, no asociativo, cooperativo/colaborativo, significativo, emocional, observacional, experiencial, por descubrimiento, memorístico y receptivo...

Dependiendo de la edad que tengan los niños y de su propia personalidad, tendrán mayor o menor capacidad de asimilar o de comprender, por lo que utilizar diferentes metodologías nos ayudará a acercarles al conocimiento de la manera en la que sus capacidades se lo permiten en el momento en que se encuentren, es decir, no podemos poner a leer a un bebé.

El profesor (en este caso papá o mamá o mejor ambos) debe aprender a escuchar e interpretar a sus alumnos (hijos) con respeto, cercanía y refuerzo positivo. Los papás y mamás deben olvidar que son maestros de sus hijos y solo estudiantes más aventajados, con más experiencia y más conocimiento, pero que siguen aprendiendo y que desde luego, puede equivocarse.

Aquí no hay errores sino ideas que deben ser reconducidas, pero que ya tienen parte de verdad. Todos deben hablar el mismo lenguaje. Si nos dicen una palabra mal, podemos repetírsela bien, pero asintiendo para que nuestro hijo o hija perciba que les hemos entendido y ellos solos, por imitación, acabarán haciéndolo bien finalmente.

Mi hija Emma llegó un día a casa con una cartulina negra y estrellas que brillaban en la oscuridad. Como es súper poco comunicativa ('¿Qué has hecho en el cole hoy Emma?'— 'Nada'), preguntamos a su profe y nos dijo que estaban estudiando las constelaciones. Basándome en lo que os comentaba antes, lo primero fue saber lo que su papá quería enseñarle: ¿Qué es una constelación? ¿Cómo de grande es el Universo? ¿Qué son los planetas?

Paso siguiente: ¿Cuánto tiempo voy a poder tenerla entretenida con una misma actividad? En aquel entonces tenía 3 años y aunque puedo decir que es muy tranquila, o se engancha a la clase o directamente se pone a hacer otra cosa, así es que mi pareja planificó media hora de actividad. ¡Luego se sorprendió!

¿Qué actividad puede ayudarme? A Emma le encanta construir. Todo lo que sea pintar con témpera (pringarse pero que bien), recortar, dar formas… ¡le fascina! Así es que debía ser un trabajo manual. Mi marido recortó varios círculos de diferentes tamaño (aproximadamente unos veinte) y los dejó en blanco. Para Emma experimentar es además fundamental, ¡le gusta mucho descubrir e inventar!

¿Cómo le presentó la actividad? ¿Qué puede ayudarme a engancharles? Pues esta es la mejor parte. Una niña de tres años que ve un planeta en una imagen y sabe lo que es porque lo ha 'estudiado', pero que le preguntas dónde hay más y te señala el libro en lugar del cielo, es que aún no ha llegado a comprender lo que le están comenzando a enseñar en su cole.

Son muy pequeños y todo les lleva un poco más de tiempo cuando se trata de conceptos complejos. Así es que su padre se planteó cómo hacerle ver que en el cielo hay muchas, pero que muchísimas cosas más a parte de aviones, el sol y la luna. Partió de la base de conocimiento y experiencia de nuestra hija: Los extraterrestres. A Emma le gusta mucho una película protagonizada por extraterrestres, así es que su papá le hizo una nave espacial con cajas de cartón.

En ese momento os prometo que podríamos haberle enseñado el Teorema de Pitágoras que se lo hubiera aprendido, ¡hubiese aprendido cualquier cosa! ¿Y qué se encontró dentro? Un montón de círculos (unos levemente pegados para que arrancase, otros colgando del “techo de la nave”, otros en el suelo…) y una nota que al leérsela decía en Inglés 'I don’t know where my house is. Could you help me please?' La respuesta de Emma fue: 'Mamá tienes que ayudarnos a llevar al extraterrestre a casa porque es inglés'.

Coloreamos los planetas, hicimos los anillos de Urano, Júpiter, Saturno y Neptuno con pintura fluorescente (porque papá nos explicó que esos planetas son gigantes gaseosos con anillos y ella lo quiso así). Para poder ver de qué planeta era nuestro amigo, tuvimos que colocarlos todos en orden a la distancia con el Sol, cual mapa, y situar las estrellas que llenan el resto del Universo, además de las vías (láctea por el momento) que nos sirven para orientarnos al igual que las constelaciones. Sí, llegó a comprender que una constelación era un grupo de estrellas agrupadas, aparentemente, en forma de figura.

Pero, ¿cómo supo nuestro amigo volver a casa? Porque en su nave espacial estaba dibujada la constelación que quedaba al 'lado de su colegio', y así Emma pudo dejarle un mapa de cómo volver a casa. La sorpresa para nosotros fue que no le bastó con la media hora, ¡ella necesitaba más! Quería saber cómo podía hacer volar la nave, cómo era físicamente su amigo alíen, si en su planeta se comían palomitas…

Aprovechamos toda su curiosidad para poder poner sobre la mesa vocabulario, expresiones hechas, órdenes simples y algunas más complejas, phrasal verbs, utilizar estilos indirectos y pasiva… A los pocos días incluso tuvimos que llevarla al Planetario de Madrid donde terminó de comprender que el Universo es infinito.

Emma solo recordará que estuvo jugando con sus padres, enseñando inglés a su papá, trabajando de forma cooperativa, dejando que su versión de los hechos también contase (al parecer la nave espacial entró por el extractor de la cocina porque suena a motor, ja, ja, ja), contextualizando, aprendiendo mediante el tacto y las emociones, moviéndose por toda la casa buscando materiales con los que trabajar, dejando que ella construyera su realidad, pero guiándola hacia el conocimiento. ¡Simplemente natural y extraordinariamente productivo!

Me gustaría terminar diciendo que si todos nos sintiéramos como Edison al encenderse la bombilla, el aprendizaje jamás sería una obligación, se tratase de la materia que se tratase. Como dijo Einstein 'la mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original'.

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