Lactancia materna

Dar pecho o biberón a un bebé no hace ni mejor ni peor a las madres


Esto de criar a los hijos es cosa de unos pocos, de mamá y papá (no podemos olvidarnos de los abuelos que siempre echan una mano). Sin embargo, es hablar de cómo alimentar a nuestro bebé y empezar a oír comentarios desafortunados de todo tipo. Si no le das el pecho a tu bebé, te dirán cosas como '¿por qué no le das el pecho a tu hijo si es lo mejor para él?' Y, si decides dárselo hasta los 4 años, te dirán esto otro '¿aún le das el pecho?, ¡con lo mayor que es!'.

El caso es comentar y comentar, sí, sin maldad, lo sé, pero seguro que tú también sabes que todas esas palabras lastiman, molestan y hacen mellan en esas noches en las que no puedes conciliar el sueño. Pues no, dar el pecho o el biberón no hace mejor ni peor a las madres, nosotras la sabemos, pero aquí venimos a dejar de lado la culpa y a contárselo a los que todavía no se han enterado.

La lactancia materna tiene un montón de ventajas para la madre y el pequeño, no solo porque es un ahorro de dinero (la leche de fórmula es cara) y porque se crean vínculos entre la mamá y le pequeño, si no porque además ayuda a prevenir enfermedades futuras (sobre todo si la lactancia se extiende más allá del primer año), reduce la mortalidad infantil, ayuda a desarrollar su intelecto y un montón más de cosas maravillosas.

Ahora bien, dar el pecho no te hace mejor madre y no darlo no te convierte en peor madre. Es hora de aclarar estas cosas, ¿no te parece?

Hay veces que es la familia, otra los amigos y amigas, los desconocidos, la gente que te mira raro cuanto te ve darle un biberón a tu hijo en el parque... El caso es que más de una y más de dos te dirán que cómo es que no le das el pecho a tu hijo con todo lo bueno que ello conlleva.

Eso en ciertas regiones, porque no olvidemos que en muchas otras está mal visto eso de que una mamá saque el pecho en público para amantar a su bebé. El asunto es que parece que una decisión tan personal como es la alimentación en los primeros meses de vida de un hijo debe estar consensuada por todo el mundo.

Papá tiene mucho que decir, por supuesto que sí pero, permíteme que hablemos de ellas, de las madres, de nosotras, porque somos las que debemos decir si le dan el pecho o bien optan por la leche de fórmula. Y no, no valen las opiniones ni las críticas constructivas, ni siquiera cuando la madre se pone a hablar del tema.

Porque es mejor un biberón con mucho amor que una teta con agobios; porque las noches sin dormir nos pasan factura a todas; porque hay veces que quieres y no puedes o es el bebé el que tiene sus preferencias; porque el trabajo y el ritmo de vida actual no siempre es el que nos gustaría; y porque cada una tiene una forma de entender las cosas y de criar a un hijo y no una tiene por qué ser mejor que otra. ¿La clave? El respeto a todas y la no culpabilidad.

Y es que, como se explica en el informe Guía de Lactancia Artificial, elaborado por el servicio de pediatría del Hospital Fundación Jimenez Díaz, de Madrid, (España), 'hay determinadas ocasiones en las que, por decisión de la madre o por contraindicación de la lactancia materna, hay que optar por la lactancia artificial y no pasa nada'.

Si decides no darle el pecho, por muy claro que lo tengas, seguro que tú misma o alguien en algún momento te hace sentir culpable. Si quieres y no puedes dárselo por el motivo que sea: la leche no te sube, el bebé no se engancha... lL culpabilidad parece multiplicarse por dos: 'vaya madre estoy hecha', 'será que no sirvo para esto'. Y luego están las frases de fuera: '¿lo has intentado lo suficiente?', '¡si todas las madres pueden!', 'le suele pasar a las que tienen poco pecho'. ¿A qué son frases típicas que, dichas en según que contexto, pueden ser una bomba de relojería?

Hay veces que la lactancia materna va más allá de los dos años, ¡maravilloso! Y hay otras en las que el bebé llora porque queda insatisfecho, la báscula dice que no va bien de peso, los despertares nocturnos son un tormento, no te apañas con el sacaleches y, antes de lo que te gustaría, le estás dando a tu recién nacido un biberón tras otro, ¡maravilloso también!

Lo que pasa es que no sentirse culpable ni pensar que no lo estás dando todo por tu pequeño es difícil, ¿verdad? Las dudas y los remordimientos te asaltan, sobre todo cuando estás cansada y las noches sin dormir del tirón empiezan hacerte mella. No, querida mamá, no hay una fórmula mágica para no sentirse culpable por no dar el pecho a tu hijo, lo único que puedes hacer es confiar en ti y repetirte cada dos por tres esta frase: soy una buena madre, la mejor para mi hijo, da igual cómo sea la leche con la que le alimento.

Sabemos de sobra que no sentirse mal ni cuestionarse a cada rato por haber optado por la leche de fórmula o estar incómoda dándole el pecho cuando ya no quieres o no puedes no es nada fácil. Por la carga de conciencia de cada una, somos una generación de madres y padres con una clara tendencia a sentirse culpable absolutamente por todo, y también por la opinión que la sociedad se empeña en gritar siempre a los cuatro vientos.

La madre elige, el padre acompaña, la familia apoya y el resto calla. Calla cuando ve a una mujer dando un biberón a un niño recién nacido, calla cuando ve a una madre que se saca el pecho cuando su hijo de 4 años le dice: 'mamá, teta' y calla cuando la futura mamá dice que tal vez no quiera dar de mamar al pequeño que lleva dentro.

Las opiniones de cada uno, los consejos y los dichos se cuentan con el fin de ayudar y no hacer daño, lo sabemos, pero no siempre logran ese fin. Ya sea que le des el pecho o que no lo hagas, estás cuidando igual de bien a tu hijo, no le estás haciendo ningún mal y no te estás convirtiendo en mejor o peor madre.

Lo que sí te convierte en una madre excelente es el cariño que le das a tu hijo desde el primer instante en que descubres que está dentro de ti, la dedicación que le das, el apoyo incondicional, las veces que no dices 'te lo dije', la tirita que le pones en la rodilla, las palabras de aliento, las ocasiones en las que permites que cometa sus propios errores, cuando le dejas que salga con sus amigos, cuando le aconsejas sobre sus estudios o su trabajo y todas esas cosas que nunca nunca van a caer en saco roto.

¿Llegará algún día en que dar o no dar el pecho deje de ser un debate? ¡Esperemos que así sea!

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